El cielo sobre Berlín.

Y cada noche, lenguas de lava recorren esta piel de toro. El miedo a los aguafuertes se nos agarró al pecho, el miedo al akelarre, al tenebrismo, a la oscuridad. Y así nos defendemos, con palos en candela, prendiendo a gritos las ciudades: ¡somos luz!. Y así hasta el alba.

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